Diez comentarios sobre la reforma hacendaria

Juan Carlos Ugalde presenta sus diez comentarios sobre la reforma hacendaria

1. Desarma la retórica de López Obrador y contiene el desbordamiento callejero de la CNTE y la violencia latente. Es una reforma “políticamente correcta”: quita a los ricos para dar a los pobres, aunque no resuelva de fondo los problemas fiscales, ni por su monto ni tampoco por la necesidad de que el sistema sea universal, eso es, que todos paguen de acuerdo a sus posibilidades.

 

 

2. Por el monto de ingresos esperados, la reforma resuelve parcialmente el problema de un Estado fiscalmente pobre. La recaudación aumentará en 1.4% del PIB en 2014 y hasta 3% en 2018. Sin embargo, se requiere un aumento de 5 puntos para estar en la media de América Latina y de 13 para la media de los países de la OCDE.

 

 

3. La reforma corrige problemas: por ejemplo, los regímenes especiales y tratamientos preferenciales, el IETU y el régimen fiscal de Pemex. Los estímulos para “formalizar” empresas es una medida en la ruta correcta y que sería la mayor fuente de un aumento futuro en la recaudación. La reforma es progresiva en materia de pago de ISR y de nuevos impuestos para ganancias de la bolsa y reparto de utilidades.

 

 

4. La propuesta ataca parcialmente el problema de opacidad del gasto público. Centraliza el gasto en educación básica: ahora el gobierno federal pagará la nómina de los maestros, con lo cual se evita el abuso que de ese fondo han hecho algunos gobernadores. Lo mismo ocurrirá en el caso de salud: el gobierno federal consolidará compras de medicinas y “enviará” cajas de medicamentos a las entidades, en lugar de dinero —que en muchas ocasiones se ha usado también para pagar favores políticos y adquirir medicamentos a precios exorbitantes.

 

 

5. Sin embargo no resuelve el problema de fondo de gestión y transparencia del gasto público en las entidades del país. En lugar de inducir mayor calidad en la planeación y ejercicio del gasto, se quita el manejo del dinero a los gobernadores. No se corrige la causa del problema: la falta de fiscalización oportuna, independiente y profesional por parte de los poderes legislativos locales. Este asunto no corresponde resolverlo a la Secretaría de Hacienda sino a los propios poderes legislativos, pero en el marco de ésta y de la reforma política en puerta, debería atacarse este problema.

 

 

6. El discurso de la iniciativa usa un concepto de justicia cuestionable. Argumenta que la reforma es “justa” porque no grava con IVA a alimentos y medicinas. Pero es una justicia cara e ineficiente: cada año la tasa cero beneficia con 2 mil 400 pesos a cada hogar del decil de menores ingresos; pero esa ayuda significa apoyar con 18 mil 200 pesos a cada familia del decil más rico. ¿Qué clase de justicia es una que para ayudar a los pobres hay que desperdiciar recursos en los ricos que no lo necesitan?

 

 

7. Cobrar IVA en alimentos y medicinas es una ruta para volver más recaudatorio el sistema —según Hacienda se obtendrían 163 mil millones al año. Pero hacerlo también es un asunto de responsabilidad política: en una sociedad, todos deben pagar —reitero, de forma proporcional a sus ingresos. Está reforma exime de pagar a un segmento del consumo, en lugar de establecer un gravamen que se ajustara gradualmente o que tuviera una tasa positiva aunque menor que el 16 por ciento.

 

 

8. La mejor reforma fiscal empieza con el gasto, no con el ingreso. Es decir, el gobierno primero mejora su eficacia para planear y presupuestar, evalúa sus programas, combate la corrupción y, una vez que ya gasta mejor, pide más recursos. Esta reforma tiene la virtud —de la que han carecido otras en el pasado— de etiquetar los nuevos ingresos para metas sociales: el seguro de desempleo y la pensión universal para la tercera edad. El problema es que los recursos humanos y gerenciales de los gobiernos en México para gastar bien son escasos y parte de los ingresos se dilapidaran en el camino.

 

 

9. Sería paradójico, pero es posible, que el PRI y el PRD acaben votando juntos la reforma fiscal —con el PAN en contra defendiendo a los empresarios y la clase media; y que la reforma energética sea aprobada con los votos del PRI y del PAN —con el PRD en defensa de la soberanía. Cruce de coaliciones.

 

 

10. Quienes critican la reforma deben considerar que la “cautela” política es una virtud en momentos de tensión social en algunas regiones del país y en las propias calles de la ciudad de México. La propuesta fiscal —que tiene omisiones, pero que avanza en diversos rubros— quita argumentos a las movilizaciones callejeras y es un seguro político contra la inestabilidad. Ni la reforma fiscal, ni la energética, ni la educativa o la de telecomunicaciones tendrán impacto alguno sin paz en las calles. Mantenerla no es cosa menor.

 

Fuente: El Financiero

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